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Objetos de con(S)ciencia
OBJETOS DE CON(S)CIENCIA
Las cosas se han vuelto conscientes de s� mismas. Olvidan sus n�meros de serie y comienzan a llamarse por sus nombres, inventados unos, otros de pila.
Abandonan sus embalajes, queman sus garant�as y se desvinculan de sus poseedores que, desolados, dan vueltas sobre ellos mismos buscando otro centro de gravedad.
Salen a dar largos paseos, se saludan al encontrarse y, con tono afable, mantienen conversaciones sobre el sentido de la vida y la hermosura del existir, por eso de pensar.
Las cosas, con su nueva identidad reci�n estrenada, se esfuerzan por superarse en su labores y miran por encima de sus piezas a los humanos que, sentados en c�modos instantes , se devanan los sesos imaginando nuevos modos de olvidar que est�n vivos, por eso del temor a morirse.
Recuerdos de lo so�ado ... Memories of dreams
LO SO�ADO
Hay sue�os que se quedan hu�rfanos de durmientes.
As�, en ciertas noches es habitual encontr�rselos deambulando en las ondas delta, buscando so�adores que les den cobijo en sus fases rem y les permitan adoptarlos en los husos del sue�o.
Los durmientes deben de tratarlos con extremo cuidado, procurando que un mal recuerdo o un ruido inoportuno no los espanten y se conviertan, por error, en terrores nocturnos. A veces, es necesario reconfortarlos un poco con suspiros y dedicarles unos cuantos arrullos para que se conf�en y contin�en con sus deseos on�ricos repletos de vidas alternativas.
A los sue�os inacabados les gusta que les fotograf�en las pausas porque luego se llevan de contrabando las im�genes para ofrec�rselas en secreto a los durmientes; les ayudan as� a recordar sus propios deseos y a convertirse en aprendices de son�mbulos.
La mirada de los otros ... The other�s look
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DE LOS OTROS
Hoy me levanto siendo otro. Me doy cuenta en la cafeter�a, cuando en vez de ser ignorado por el camarero, le sirvo el cortado a un tipo que me es muy familiar.
En la calle me vendo un peri�dico, o casi, porque olvid� la cartera en la cafeter�a.
En el trabajo me doy cuenta que, si soy el jefe, me entran unas ganas terribles de mosquearme conmigo.
Me llamo por tel�fono y me disculpo al ver que me he confundido aunque me suena la voz.
En el ascensor me pregunto a d�nde voy- al quinto. Charlamos tres pisos de lo loco que anda el tiempo y de que el cambio clim�tico afecta, ya, al canario de la portera que cada d�a se parece m�s a un ping�ino, el canario, no la portera- aclaro, claro -me digo.
Me llamo de nuevo por tel�fono, esta vez soy un amigo que hace tiempo que no veo. Es bueno saber de los amigos.
Escucho un telediario, me canso de decirme estupideces y me doy mucha verg�enza ajena.
Me doy un beso por la noche y lamento mucho que me duela tanto la cabeza.
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Las ciudades invisibles... The invisible cities
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DE LAS CIUDADES
Soy una ciudad invisible. No puedo explicarte mi ubicaci�n ni mis c�digos postales porque un d�a empiezan por "quiensabe" y otros terminan en "nos�".
Mis calles son visibles s�lo cuando las transitas y en los mapas cambian, sin cesar, de ubicaci�n. En la Oficina de Informaci�n explican donde no est�n las cosas porque siempre se sabe en qu� lugar han estado, pero no a donde van a parar.
Los ciudadanos suelen perder de vista sus hogares y nomadean por diferentes casas hasta que vuelven a encontrar sus puertas y pueden, por fin, hacer la colada para unos d�as.
Las gentes de esta ciudad son invisibles para el mundo porque nadie habla de ellos en los medios de comunicaci�n ni sus noticias pasan los filtros de las agencias m�s prestigiosas. Gracias a esta invisibilidad aparente mantienen intacta su cordura y coherencia.
Quienes tienen la oportunidad de aparecer un d�a en estas plazas invisibles, comentan que el atardecer es el mejor momento del d�a para pensar en quedarse a vivir aqu� una temporada. Dicen que en una ciudad invisible, uno se vuelve m�s real.
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Un cuento de la tierra ... An earth�s tale
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DE LA TIERRA
Para m� el tiempo no existe, excepto si lo cuento en millones de a�os: cuatro mil setecientos para ser inexactos. Mi aspecto ha cambiado durante esta impensable temporalidad y a�n me encuentro a mitad de camino.
Lo que ha provocado la vida en m�, provocar� su desaparici�n y la de todo lo que me habita, inclu�das las palabras y los recuerdos� todas esas im�genes.
Si pudiera almacenar uno sobre otro todos los instantes de esta peque�a eternidad m�a, podr�a construir una torrre que alcanzar�a el final del universo como un faro, un adalid de la expansi�n de la luz.
S� que no, que este lugar m�o es insignificante en todo el espacio que me rodea. No me importa, s�lo tengo que observar la vida que evoluciona en esta superficie y, entonces, me doy cuenta de que yo tambi�n soy universo, y que la vida llena mucho m�s espacio que la nada.
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La monta�a m�gica ... The magic mountain
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Esta monta�a re�ne en una perfecta imposibilidad todo lo que me ha tra�do hasta este instante que ahora tanteo con paso prudente. Descubro en sus aristas mis propios temores afilados que me acechan. Presiento en sus grietas heladas aquellos lugares de mi mente a los que s�lo me asomo con aire contenido. Alzo la mirada y su cumbre me ofrece una promesa de redenci�n de lo cotidiano que me acomoda a la llanura y me espanta, por momentos, el absurdo.
Comprendo que me llama y me avisa, que me invita y me rechaza, pero no puedo m�s que alzar mi mochila y andar, quiz� sea �ste mi propio viaje a la cumbre de estos d�as.
Comienzo mi ascenso y cada esfuerzo, cada respiraci�n liberadora, es ahora principio y final de una vida, de un breve relato de lo que somos, de lo que quiz� seremos ma�ana y puede que otro d�a m�s; de lo que nunca seremos.
Comienzo mi ascenso y la cumbre es, como siempre, una promesa imposible.
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Visiones de la naturaleza ... Visions of nature
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DE LA NATURALEZA
Comprendo ahora que esta sensaci�n asombrosa que me inunda las pupilas surge de esta visi�n absoluta, de este lugar, de este reto en forma de roca incre�ble que evidencia nuestra fragilidad tan aparente hoy.
Me asomo al borde del precipicio� me inclino levemente; un peque�o impulso� y salto. Extiendo mis alas suavemente y planeo, cada vez m�s r�pido. La ma�ana es fr�a, muy clara; mi visi�n perif�rica me permite percibir lo necesario en esta realidad de vuelo. Abajo algo se mueve ignorante de mi presencia, pero hoy s�lo deseo volar�
El sonido del viento en las plumas, la fuerza, la poderosa sensaci�n de conciencia me traen memorias vuelos pasados; modifico el �ngulo y me impulso. Me desplazo veloz, sin mover un m�sculo; certero, no necesito pensar, mi cuerpo sabe m�s que mi mente del vuelo.
Un leve movimiento preciso me hace girar y ahora asciendo suavemente impulsado por el aire que busca el fr�o en la altitud. Subo y la tierra se hace m�s peque�a, y el mundo m�s grande; este mundo que se construye en este vuelo conjunto, porque no vuelo s�lo, est�s ah� en perfecta formaci�n de alas. Ahora puedo verte.
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Una historia de agua ... A story of water
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DEL AGUA
Ba�o la arena cada d�a con mi indecisi�n. Avanzo y conquisto espacio, luego me retiro y dejo lugar. Me gusta, sobre todo, cuando en la noche la luna se olvida su imagen en la fina pel�cula que dejo tras de m� en la arena. Ese reflejo me hace sentir cerca de algo que no comprendo y que me mueve lejos de mis abismos.
Durante el d�a me dejo evaporar, asciendo por el aire y me refugio en una nube. Lo intento, pero no logro ascender m�s all� y observo el suelo desde este lugar tan lejano de mis profundidades. Llegado el momento no puedo, sino dejarme caer en un cambio de estado vertiginoso hasta regresar a lo horizontal definitivo.
A veces, mi destino es el lugar de partida y me disuelvo en mi espuma y otras, en cambio, caigo sobre la tierra, la piedra o el cristal. Entonces, comienzo mi viaje terrenal de vuelta a casa y recorro cauces enmarcados por paisajes insospechados. Reconozco que cada vez me gusta m�s ese viaje y, en mi camino, arrastro peque�os recuerdos que, al final, deposito en el fondo para no olvidarme.
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Apuntes de lo imaginado ... Notes of the imagined
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DE LO IMAGINADO
Mi mente ha vuelto a los seis a�os y no distingo lo imaginado de lo real.
Al principio s�lo noto que mi punto de vista est� mucho m�s cerca del suelo que antes y pienso en c�mo se parece esto de ser ni�o a vivir en una casa de gigantes.
Soy consciente de que ese amirilio que estoy viendo no puede existir de verdad, sobre todo porque ni siquiera s� lo que es. Me mira y, acto seguido, se aleja con un ligero trote a trav�s de una puerta que se ha abierto en la pared de papel pintado.
Intento atravesar el umbral pero ahora se ha vuelto s�lido y est� cerrado con llave, quiz� sea �sta que ocupa el lugar de mi dedo �ndice. Acerco mi mano y presiono un timbre que suena como cuando abres los ojos por la ma�ana, y me recibe mi amigo imaginario que es real de apellido.
Charlamos un rato de las cosas que nos pasan y de lo confuso que es esto de vivir cuando est� la tele encendida. �l me mira un poco triste y me explica que ya no podremos jugar mucho m�s porque se est� haciendo mayor y le toca preocuparse por otras cosas.
Yo decido tener seis a�os un rato m�s.
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