Festivales y fotografía de eventos: lo que no sale en las fotos

Un reportaje de festival se juzga por un puñado de fotos buenas, pero detrás hay una logística que ocupa muchas más horas que el propio concierto: acreditaciones, puntos de acceso, planificación de encuadres antes de que empiece el pase y una ventana muy corta para moverse entre el foso y el resto del recinto sin perderse el momento.

La rutina entre pases

En festivales de varios días, el equipo técnico y de prensa acaba compartiendo horarios: comidas tarde, descansos cortos entre artistas y una sobremesa larga cuando termina el último concierto de la noche. Es en esa sobremesa donde se comentan las fotos del día, se revisan las tarjetas de memoria y, para muchos, empieza el único rato de desconexión real de la jornada.

Desconectar después del último pase

Cuando termina el último concierto y se recoge el equipo, cuesta pasar directamente a dormir; hace falta un rato de bajón antes de que el cuerpo lo asuma. Cada quien tiene su manera: unos prefieren una cerveza tranquila, otros repasan el material en el portátil, y no es raro ver a alguien del equipo entretenido con el móvil — una partida, una serie corta o, para quien le gusta, novibetonline.com — antes de que el cansancio gane la partida.

De la acreditación a la entrega

El material bueno de un festival no está solo en las fotos de escenario: las mejores imágenes salen a veces del backstage, de un ensayo de última hora o de un momento entre el público que nadie planeó. Seleccionar y entregar ese material con la edición cerrada antes de que termine el fin de semana es, para muchos fotógrafos de evento, la parte del trabajo que menos se ve y más tiempo consume.